Sidi Bou Said es uno de los pueblos más bellos de Túnez, por su luminosidad, sus raíces árabes marcadas y por la brisa marina que inunda sus calles. Pasear por este pueblo es impregnarse de su paz y tranquilidad, es sumergirse en el mundo y la cultura árabe. En el norte de Túnez, situado en un acantilado de la costa mediterránea, encontramos este pequeño pueblo. No está muy alejado de la capital de Túnez (20 kilómetros aproximadamente) y a sus pies se encuentra la inquietante ciudad de Cartago con sus ruinas, que se pueden divisar desde lo alto del pueblo.

Su nombre, Sidi Bou Said, se relaciona con un miembro de la dinastía Tunecina que se instaló en esta alta montaña costera, aprovechando su altitud, para reencontrarse con Dios. Con el paso de los años Bou Said Halafa, que así se llamaba, se convirtió en un famoso curandero que milagrosamente curaba todo tipo de enfermedades. Muchos siglos después se levantó en el pueblo una mezquita para recordar su memoria. Nunca se supo si esto fue verdad o simplemente se queda en una leyenda. En el año 1920, Rodolphe D’Erlanger impuso en Sidi Bou Said una ley que obligaba a todos sus habitantes a pintar sus fachadas en blanco y sus ventanas y balcones en azul que combinaba con el azul del mar. Se decía que esta medida era para evitar el calor y los mosquitos en las casas.
Muchos son los artistas bohemios que se agrupan en sus empinadas calles para inspirarse con su belleza y para encontrarse con la calma que trasmite este pueblo. De hecho a mucha gente le recuerda a la maravillosa ciudad de Ibiza. Nada más llegar, abajo del todo, tenemos el aparcamiento, una gran explanada para poder dejar el coche. Allí mismo empezarán los regateos, se acercaran a nosotros a ver si pueden vendernos toda su mercancía. A partir de ahí empezaremos a subir por los callejones o escalinatas empinadas. A ambos lados de las calles encontramos tiendas de artesanos, donde podemos ver en vivo como trabajan grabando la cerámica. En estas tiendas podemos comprar las rosas del desierto, azulejos con estampas del pueblo, las típicas jaulas de pájaros y miles más de souvenirs. Una advertencia, los vendedores no nos dejarán irnos con las manos vacías, pueden llegar a ser muy insistentes.

Al final de la calle principal, se encuentra una de las mayores sorpresas que nos ofrece Sidi Bou Said. El Café Des Nattes, reconocible por sus escalinatas a la entrada, donde podremos meternos de lleno en el mundo de la cultura árabe. A la entrada dejaremos el calzado y nos iremos a sentar sobre alguna de las alfombras tunecinas, tomaremos un té verde de piñones o fumaremos en la típica pipa de agua. Su construcción se remonta al siglo XVI, pero no como bar si no como un templo en el que actualmente todavía queda su encanto. Otra de las paradas obligadas es el restaurante Aux Vieux Beaux Temps (por los bellos viejos tiempos), en el podemos encontrar una maravillosa terraza en el acantilado sobre el mediterráneo que nos invita a admirar las espectaculares vistas sobre el Golfo de Túnez, las playas que nada tienen que envidiar a las del Caribe, y el puerto. Si quieres alojarte en este sitio busca hoteles en Túnez ya que es muy bonita en general. Además la comida que nos ofrecen es muy variada, podremos escoger entre una selección de platos tanto franceses como tunecinos que nos harán saborear el aroma y las fragancias del ambiente.
Y para terminar hablaremos de la casa-museo en la calle principal de Sidi Bou Said. Consiste en una casa de un exmilitar que abre sus puertas para que todo el mundo pueda ver en primera persona como es una típica casa tunecina.
Fotos de Túnez CC: Leandro Ciuffo
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